El boom de la escalada en rocódromos dispara la siniestralidad

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Un estudio de los partes de accidente de los deportistas federados en la Federación Madrileña de Montañismo lo confirma. En los últimos años las lesiones y accidentes producidos durante la escalada en rocódromos se han igualado a los producidos en la escalada en el medio natural.

Podría pensarse que escalar en un entorno controlado como es un rocódromo, el riesgo sería menor. Pero lo cierto es que se produce mayor frecuentación de la actividad y por escaladores principiantes, por lo que se producen más lesiones.

En el año 2022 los partes de accidente en rocódromo, según indican los propios lesionados, han supuesto el 41,88 % son producidos en las caídas reiteradas a la colchoneta al hacer boulder. El 37,61 % manifiestan problemas por sobreestiramientos o lesiones de fibras musculares. El 10,26 % son lesiones en los dedos y poleas, un 8,55 % remiten lesiones en los tobillos y rodillas y un 1,71 % son impactos contra la pared o las presas en las caídas.

Afortunadamente en la mayoría de los casos, aproximadamente el 90 %, son lesiones más o menos leves como sobrecargas, inflamaciones, roturas fibrilares, ligamentos, etc. El 10 % restante son accidentes graves y muy graves que necesitaron traslado inmediato a hospitales e intervenciones quirúrgicas.

Por tanto, es importante insistir en la prevención en general, recalcar en la necesidad de calentar extremadamente bien, así como evitar en lo posible saltar desde la altura máxima de los bloques, ya que pueden generar malas recepciones en la colchoneta. En esta línea algunos rocódromos ya están instalando presas de destrepe para evitar impactos reiterados o que las vías más sencillas (las más trabajadas por principiantes) no lleguen hasta las alturas superiores. Capitulo aparte y muy importante es concentrarse en las maniobras con cuerdas o autoaseguradores, ya que se están produciendo caídas desde mucha altura con consecuencias graves.

Con todo, la media general de accidentes por cada 100 federados es de 3,7 en los últimos años, lo que significa que en general nuestro deporte es razonablemente seguro respecto a otros.