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Published On: lunes, 6 abril 2026

CELEBRACIONES DEL MES DE LA MUJER ENTRE MONTAÑAS Y SENDEROS

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  • Como parte de las celebraciones del mes de la mujer, los clubes  de montañismo Amadablan y Bukaneros Solidarios realizaron actividades de senderismo y marcha adaptada para personas con discapacidad visual que transcurrieron por La Panera y el Embalse del Tejo, así como por el Cañón del Río Lozoya. 

Madrid, 09/04/2026

 Club Bukaneros Solidarios

Por el cañón del río Lozoya

El pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y animados por la Federación Madrileña de Montaña, el cañón del río Lozoya fue el escenario elegido por nuestro club para celebrar la jornada de la mejor manera posible: caminando por la montaña. Diez mujeres montañeras del club Bukaneros Solidarios, acompañadas por ocho compañeros, participamos en una ruta guiada por Pati, técnica de montaña, en un recorrido que combinó naturaleza, compañerismo y reflexión.

El recorrido discurría remontando el río Lozoya, entre paredes de roca, senderos serpenteantes y el sonido constante del agua. Un paisaje que parecía recordarnos, paso a paso, que avanzar a veces significa hacerlo también a contracorriente. Quizá por eso el lugar resultaba especialmente simbólico para una jornada como esta.

En uno de los tramos de la ruta hicimos una parada especial bajo un gran árbol de copa abierta y múltiples ramas que parecían extenderse en todas direcciones. Bajo aquel “árbol gigante”, mientras recuperábamos el aliento y aprovechábamos para hacernos la foto de grupo, Pati nos invitó a detenernos también a pensar. Sus ramas, multiplicándose hacia todos los lados, evocaban inevitablemente esa multitarea constante a la que muchas mujeres se han visto —y aún se ven— abocadas en su vida cotidiana: trabajo, cuidados, responsabilidades familiares, compromisos sociales… todo a la vez. Entre las múltiples ramas surgió también la reflexión sobre las renuncias. Las pequeñas y grandes decisiones que muchas mujeres han tenido que tomar a lo largo del tiempo: proyectos aplazados, aficiones abandonadas, sueños que tuvieron que esperar. En demasiadas ocasiones, también la montaña quedó fuera de esas prioridades impuestas.

Más allá de la propia actividad deportiva, la jornada sirvió también para recordar a quienes abrieron camino en el montañismo femenino en España. Y que, en tiempos no tan lejanos, tuvieron que desafiar prejuicios, limitaciones sociales y falta de oportunidades para poder ponerse unas botas y salir al monte. Entre ellas destacan las hermanas conocidas como Las Cainejas, referentes tempranos del alpinismo femenino en nuestro país por alcanzar la cima del Pico Urriellu en 1935. Décadas después llegarían otras figuras que ampliaron aún más ese horizonte: Araceli Segarra, primera mujer española en alcanzar la cima del Everest en 1996, o Edurne Pasaban, primera mujer del mundo en coronar los catorce ochomiles. Cada una, en su tiempo, abrió una puerta un poco más grande para las que vendrían detrás. Sus logros no solo representan hitos deportivos; también simbolizan una conquista progresiva de espacios y derechos.

Si ser mujer ya supuso durante décadas una barrera para acceder plenamente al mundo de la montaña, convivir además con una discapacidad añade todavía más obstáculos. Barreras físicas, sí, pero también sociales y culturales: miradas que dudan, expectativas más bajas, ausencia de referentes, caminos que no siempre están pensados para todas las personas.

Sin embargo, como el propio río Lozoya nos enseñaba durante la ruta, el agua siempre encuentra su camino. Cada paso dado en la montaña por mujeres diversas —con distintas capacidades, edades y trayectorias— ensancha un poco más ese sendero común.

Durante la jornada, guiadas con seguridad y cercanía por Pati, el grupo avanzó por el cañón con el ritmo natural de quien disfruta del camino tanto como del destino. Diez mujeres y ocho hombres caminando juntos, compartiendo esfuerzo, paisaje y conversación. Una imagen sencilla que, sin embargo, habla de algo importante: la montaña como espacio de encuentro, de respeto y de igualdad. Queda camino por recorrer, sin duda. Pero cada salida, cada cordada, cada grupo que camina unido contribuye a que la montaña sea un lugar más accesible y más justo para todas las personas.

Y mientras haya mujeres dispuestas a ponerse las botas y seguir avanzando, incluso a contracorriente, la montaña seguirá siendo también un lugar donde abrir camino.

 

Club de Montañismo Amadablan

La Panera y el Embalse del Tejo

El 28 de marzo pasado se celebró la Marcha de la Mujer Montañera 2026, propuesta como actividad organizada por el Grupo Amadablan de Montañismo en colaboración con la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Paracuellos de Jarama, que dispuso un autocar para el transporte de las senderistas, al que agradecemos su implicación en este tipo de actividades. También, como parte de las actividades enfocadas a la celebración del Mes de la Mujer y el deporte de montaña está respaldada por la Federación Madrileña de Montañismo.

El Grupo Amadablan de Montañismo cumplió como cada año, con sus actividades dedicadas a celebrar el mes de la mujer durante marzo (Foto cortesía Amadablan)

En esta ocasión participaron 45 personas, de las cuales 33 de ellas eran mujeres, que realizaron un recorrido circular de 15 kilómetros entre el Área Recreativa de La Panera y el Embalse del Tejo, en la provincia de Segovia, término municipal de El Espinar, en un día algo nublado y con cierto viento del que nos resguardaba el extenso pinar por el que transcurría la ruta, en el que cuatro de sus participantes eran unas chicas entre 6 y 12 años que hicieron la marcha de forma excepcional, al ritmo de las personas adultas.

Al final de recorrido se sorteó, como en ediciones anteriores, una mochila de montaña de la marca DEUTER ofrecida por la tienda de montaña OUTDOOR SIN LÍMITE que colaboró con esta edición de la Marcha de la Mujer Montañera 2026.

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